Libros

El azul de las abejas

De Laura Alcoba

Una niña relata el principio de su exilio francés. La protagonista es la niña y su viaje a otro mundo. La necesidad imperiosa de aprender una lengua que la aloje en su nueva vida no deja de tener su ancla en la Argentina: las cartas al padre que por represión carcelera la obliga a escribir en castellano. Así, se escribe con su padre sobre los libros que los dos leen a ambos lados del océano y luego comentan en las cartas semanales que la niña envía desde Francia, “Lo bueno de la cartas es que uno puede pintar las cosas como quiere, sin mentir por eso. Elegir entre las cosas que nos rodean, de modo que todo parezca más bello en el papel”, explica la narradora.

El primer libro sobre el que se escriben es La vida de las abejas de Maeterlinck. Ella en francés, él en castellano, los pasajes que en sus cartas recorta el padre son copiados por la hija en francés en una libretita. Pasajes que a ella también le gustan. Hay una frase que ella subraya aún antes de que el padre la destaque: el azul es el color preferido de las abejas. El mismo azul del título Las flores azules de Queneau que tendrá toda su importancia para la niña que, finalmente, podrá hablar en francés sin cálculo y sin esfuerzo; a partir de allí será posible para ella recomenzar a pesar del idioma, la distancia y el frío.