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Agalmatofilia


Del griego agalma ´estatua´, del griego philia ´amor´, la agalmatofilia es el deseo sexual hacia una estatua, muñeco, maniquí u otro objeto figurativo similar.


Pigmalión rey de Chipre, sacerdote y magnífico escultor, estaba en búsqueda de una esposa cuya belleza correspondiese con su idea de la mujer perfecta.

Cansado de buscar, decidió comprometerse a dedicar su tiempo y amor a la creación de las más bellas estatuas, que luego ofrecería a Afrodita. 

Era tal su sentimiento interior y fuerte inspiración que al trabajar el mármol, su mano parecía guiada por un mágico poder.

Su primer creación fue una joven a la que llamó Galatea. Galatea, era tan perfecta y tan hermosa que Pigmalión se enamoró de ella perdidamente. 


Soñó que la estatua cobraba vida.


Ovidio poetizó el mito de Pigmalión en el libro X de las Metamorfosis


“(...) Entre tanto, níveo, con arte felizmente milagroso,

esculpió un marfil, y una forma le dio con la que ninguna mujer

nacer puede, y de su obra concibió él amor.


De una virgen verdadera es su faz, a la que vivir creerías,

y si no lo impidiera el respeto, que quería moverse:

el arte hasta tal punto escondido queda en el arte suyo.

Admira y apura en su pecho Pigmalión del simulado cuerpo unos fuegos.

Muchas veces las manos a su obra allega, tanteando ellas si sea

cuerpo o aquello marfil, y todavía que marfil es no confiesa. 


Los labios le besa, y que se le devuelve cree y le habla y la sostiene

y está persuadido de que sus dedos se asientan 

en esos miembros por ellos tocados,

y tiene miedo de que, oprimidos, no le venga lividez a sus miembros,

y ora ternuras le dedica, ora, gratos a las niñas,

presentes le lleva a ella de conchas y torneadas piedrecillas 

y pequeñas aves y flores mil de colores,

y lirios y pintadas pelotas y, de su árbol caídas,

lágrimas de las Helíades; orna también con vestidos su cuerpo:

da a sus dedos gemas, da largos colgantes a su cuello;

en su oreja ligeras perlas, cordoncillos de su pecho cuelgan: 

todo decoroso es; ni desnuda menos hermosa parece. (...)


 “Si, dioses, dar todo podéis, que sea la esposa mía, deseo” –

sin atreverse a “la virgen de marfil” decir– 

Pigmalión, “semejante”, dijo, “a la de marfil.”


(...) Cuando volvió, los remedos busca él de su niña 

y echándose en su diván le besó los labios: que estaba templada le pareció;

le allega la boca de nuevo, con sus manos también los pechos le toca.

Tocado se ablanda el marfil y depuesto su rigor

en él se asientan sus dedos y cede, como la del Himeto al sol,

se reblandece la cera y manejada con el pulgar se torna 

en muchas figuras y por su propio uso se hace usable.


Mientras está suspendido y en duda se alegra y engañarse teme,

de nuevo su amante y de nuevo con la mano, sus votos vuelve a tocar;

un cuerpo era: laten tentadas con el pulgar las venas. (...)".


Pigmalión despertó, en lugar de la estatua se hallaba Afrodita, `Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado´. 

Ámala y defiéndela del mal.


Amar la creación y defenderla del mal.

  • Autor: Mora