Cine

Grandes del cine

Clint Eastwood, el retrato de un clásico

El Francotirador, se quedó sin el Oscar a la Mejor película, aunque  Eastwood ya se había llevado dos veces el máximo galardón (en 1993 por Los imperdonables (Unforgiven) y en el 2005 por Million Dollar Baby). “Ganar el Oscar no es algo que me quite el sueño”, dice él. Es padre de ocho hijos que tuvo con seis mujeres, nunca ha fumado, y practica la meditación; además es piloto de avión, jugador de golf y amante del jazz y el blues, y también pianista y compositor. “En política, no soy de derecha ni de izquierada, soy un libertario”, se define.


Por S.C.

- ¿Qué le ha quedado en el tintero? - le preguntó hace un año un periodista del diario El Periódico de España al gran actor y director.

- Lo único que lamento es no haber trabajado en la década de los cuarenta con gente como Howard Hawks, Frank Cappa, Preston Sturges o John Ford, porque los admiro. Y estuve muy cerca de (Alfred) Hitchcock y desde luego que habría sido interesante trabajar con él. Es muy romántico lo de echar la vista atrás, pero yo no quiero ser uno de esos viejos gruñones para los que lo pasado siempre fue mejor.

   Clint Eastwood no miente. A la hora de filmar, el director de El francotirador (American Sniper)  es consecuente con su forma de pensar. Sus películas son clásicas desde lo formal y utiliza el lenguaje audiovisual siguiendo la estela de esos maestros de Hollywood a los que admira. En la reciente entrega de los Premios Oscar, el domingo 22, su nuevo filme solo ganó como Mejor Edición de Sonido, una de las seis estatuillas para las que estaba nominada, entre ellas a la de Mejor Película. Pero no se quedó sin saber cómo es la sensación de ver tanto smoking y vestido de diseño desde arriba del escenario. Eastwood, nacido hace 84 años en San Francisco, Estados Unidos, ya había agradecido en dos oportunidades a la Academia por un galardón: en 1993 por Los imperdonables (Unforgiven) y en el 2005 por Million Dollar Baby. 

   Su relación con los premios que cada año otorga la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas es singular: es una de las dos personas junto a Warren Beatty que ha sido nominado dos veces a mejor actor y mejor director por las mismas películas (Los imperdonables y Million Dollar Baby); y ha dirigido a cinco ganadores de premios a la mejor interpretación: Gene Hackman (Imperdonables); Tim Robbins y Sean Penn (Mystic River); Morgan Freman y Hilary Swank (Million Dollar Baby).

  La carrera de Eastwood comenzó en 1955, como actor de papeles secundarios en películas que no quedaron en la historia del cine. El primer trabajo en el que comenzó a tener cierta popularidad fue en 1959, a los 28 años. Interpretaba a Rowdy, un papel secundario de la serie Rawhide, que por varios años fue un éxito en los Estados Unidos. Fue entonces que Eastwood se puso también detrás de una cámara por primera vez: se quedó con las ganas de dirigir algún episodio, pero al menos filmó algunos anuncios de la serie. La fama mundial la consiguió al finalizar Rawhide, gracias a Sergio Leone, un por entonces director apenas conocido que apostó a que Eastwood fuese el protagonista de tres grandiosos westerns en la década del 60: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964); Por unos pocos dólares más  (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el malo y el feo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966). Si bien la crítica estadounidense fue algo dura con el subgénero al que se denominó Spaguetti western, las películas fueron un éxito de taquilla y lanzaron a Eastwood a la fama.  

  Esta popularidad (y el dinero que obtuvo gracias al éxito comercial de la trilogía de Leone) derivó en dos pilares de su carrera. Por un lado, en 1967 creó, con ayuda su contable y asesor Irving Leonard, su propia compañía de producción, Malpaso Productions, una empresa que mantiene y produce sus películas hasta el día de hoy. Y por otro, el director Don Siegel lo convocó para que fuera el inspector Harry Callahan, en la ya mítica Harry, el Sucio (Dirty Harry, 1971). Eastwood luego siguió encarnando al malo de Harry en otras cuatro películas que ya no dirigió Seigel, pero que marcaron a fuego al ya popularísimo actor: Magnum 44 (Magnum Force, 1973); Sin miedo a la muerte (The Enforcer, 1976); Impacto fulminante (Sudden Impact, 1983, que dirigió el mismo Eastwood); y Sala de espera al infierno (The Dead Pool, 1988).   

  Además de más popularidad, y más dinero, haber estado primero en las pelis del oeste de Leone y luego haber sido Harry el sucio, generó para siempre la imagen del Eastwood actor como el ícono de cierto tipo de masculinidad, pero de la mano con esto, también la imagen de ser un hombre que predica violencia y, sobre todo después de Siegel, un hombre bastante fascista. Ese malentendido –por decir de una manera benévola lo que no es más que una acusación llena de prejuicios- se mantiene hasta estos días, en donde por haber realizado El francotirador algunos los han acusando de un hombre que promueve la violencia y que apoya la guerra.

  Hay quienes suponen que se puede juzgar la ideología de un artista sumando uno más uno. Pues no, muchas veces la ideología de las personas –y en el caso de los artistas un tanto menos- uno más uno no es igual a dos. Que Eastwood haya apoyado a Bush Jr.; que entre 1986 y 1988 haya sido alcalde con el visto bueno del Partido Republicano en la localidad californiana de Carmel by the Sea; y que haya realizado El francotirador, no lo hace un hombre de derecha retrógada ni un hombre pro bélico. Eastwood apoyó las campañas presidenciales de Richard Nixon en 1968 y 1972,  pero no dudó en criticarlo por el Watergate y por cómo se desenvolvió durante la Guerra de Vietnam. Su crítica a las agresiones bélicas de los Estados Unidos se mantuvo también respecto a Corea, y muchos años después opinó de la misma manera sobre las más cercanas invasiones a Afganistán e Irak. 

  “Soy demasiado individualista como para ser de derechas o de izquierdas”, suele decir. Desde hace unos años, repite lo mismo: “Soy un libertario. Se ha autoproclamado “liberal en los derechos civiles”, ha manifestado su apoyo al derecho al aborto y al matrimonio igualitario y desde 1973 ha apoyado públicamente el control de las armas en su país. 

  Será por algunas de estas cosas que en el 2007, además claro está de la obra que había realizando como director, que el presidente francés Jacques Chirac le dio la mayor distinción civil que se otorga en ese país, La Legión de Honor, tras señalar que Eastwood encarna “lo mejor de Hollywood”. Antes, en 1994, ya había recibido la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. Y en el 2010, el presidente de los Estados Unidos Barak Obama (al que Eastwood aclaró en su momento que no iba a votar) le galardonó con un premio de artes y humanidades y describió sus películas como “ensayos de individualidad, verdades duras y la esencia de lo que significa ser estadounidense”. 

  Es que luego de Leone y del implacable inspector Harry Callahan, mucho pasó en la carrera de Eastwood. Siguió actuando fiel a su estilo, pero desde 1971 se puso también detrás de la cámara, en muchas ocasiones con resultados brillantes. Si bien en su filmografía hay algunos altibajos, Eastwood se puede jactar de que desde su ópera prima Obsesión mortal (Play Misty for Me) ha realizado varias grandes películas, que además tuvieron el reconocimiento del público. Como sucedía con quienes dice admirar, los Ford, Hawks, Hitchcock, Sturges. Autores que como él hizo en algunas circunstancias –salvando las distancias con los monstruos recién nombrados- aunaron calidad artística con un cine masivo. (Vale la pena recordar, llegados a este punto, la definión de “cine” de Alfred Hitchcock: “para mí el cine son 400 butacas por llenar”). 

  Volviendo a Eatwood, vale recordar el genial retrato que hizo de Charlie Parker (Bird, 1988). También hay que nombrar a dos westerns geniales: El jinete pálido (Pale Rider, 1984) y la aclamada Los imperdonables (1992). Esta película fue nominada a nueve premios Oscar de los que ganó cuatro entre ellos, como ya se dijo, a Mejor película y Mejor director.  En junio de 2008, Los imperdonables apareció en el cuarto lugar de la lista de los mejores western norteamericanos elaborada por el Americam Film Institute, detrás de Raíces profundas  (Shane, 1953), A la hora señalada (High Noon, 1952) y Más corazón que odio (he Searchers, 1956).  En los 90, otros dos enormes filmes memorables para mencionar: Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993) y Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995). 

  En los 2000 dirigió nada menos que Space Cowboys (2000); Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004); Cartas desde Iwo Jima (2006); La conquista del honor (Flags of Our Fathers, también del 2006); El sustituto (Changeling, 2008) y Gran Torino (también 2008) por no citar todas sus realizaciones de esa década. Y ya en la década actual, el año pasado filmó la espléndida Jersey Boys, persiguiendo la música (Jersey Boys). 

  Si las acciones o posturas políticas que se han descripto más arriba dan por tierra las acusaciones de que sea un hombre probélico, un repaso por los temas y argumentos narrados en las películas recién citadas terminan de confirmar que Eastwood es un cineasta que no es tibio: tiene una idea sobre la sociedad que le ha tocado vivir, que posee una reflexión acerca de la justicia, pero que no tiene una mirada reaccionaria. Casi todo lo contrario.

  “Siempre hay algo más. Así es como me veo –le dijo a El Periódico de España el año pasado-.  Lo mismo que uno madura con los años, yo aprendo con cada película. El fugitivo Josey Wales (The Outlaw Josey Wales, 1976)  ha sido una de las que más he disfrutado. Luego vino Los imperdonables. Y Un mundo perfecto… En ese período de los noventa hice unas cuantas películas con las que logré el éxito, al menos para mí, no hablo necesariamente del éxito comercial. Hablo de satisfacción más que de éxito. Una situación que se repitió en la década pasada con Mystic River, Million Dollar Baby, Cartas de Iwo Jima o Gran Torino. En concreto, recuerdo Cartas de Iwa Jima como algo especial, porque nació del aire, de una pequeña idea que investigué y perseguí hasta construir el guión”, remató este gran artista que por lo general no deja que los actores ensayen y busca que todas las escenas se completen en la primera toma. También es muy raro que utilice storyboards para planificar sus puestas en escena.  

  Padre de ocho hijos que tuvo con seis mujeres, nunca ha fumado, y siempre se ha cuidado con dietas sanas y practicando meditación trascendental. Piloto de avión, jugador de golf, (posee un club de este deporte), amante del jazz y el blues, Eastwood también es pianista y compositor (compuso varios temas de algunas de las películas que dirigió). Le atrae el budismo, y no es muy amante de las computadoras: “El mundo de los ordenadores, del Facebook y los reality-shows no me va –dijo en una entrevista reciente- . Yo soy de los que leen el periódico y me gustan los libros en papel. Me gusta su peso, su olor. Pero si no lo tengo en papel, lo leo en el iPad. Y tengo que reconocer que cada vez leo más libros en el iPad porque la pantalla está iluminada y puedo leer en la cama a oscuras. Pero no me verán utilizarlo para otras cosas. Ni tan siquiera para enviar mensajes. Cuando voy por la calle soy de los pocos que siguen mirando las cosas que le rodean, no voy pendiente de una pantallita. Esa no es mi generación.”

  Con El francotirador no pudo obtener su tercer Oscar a Mejor película. Pero no debe estar muy desilusionado. Unos años atrás, la revista Fotogramas de España le preguntó que pensaba acerca de que año tras año sus películas peleaban Oscars. “Lo curioso es que a veces se empieza a hablar de esto antes incluso de que se estrenen las películas –respondió-. Pero yo no le doy muchas vueltas. Intento hacer las películas lo mejor que puedo y aspiro a poder sentirme orgulloso de ellas. Si después alguien decide meterlas en el saco de las aspirantes al Oscar me parece perfecto, pero no es algo que me quite el sueño.” 


  • Autor: Sergio Criscolo