Cine

Cuando Herzog caminó de Munich a Paris

Se editó en la Argentina "Del caminar sobre hielo", del gran cineasta alemán en 1974

  En un arranque místico, el gran cineasta alemán Werner Herzog decidió en 1974 caminar desde Munich a Paris, intuyendo que así salvaría la vida de la venerada crítica Lotte Eisner, que por esos días estaba muy mal de salud. Durante el mes y medio que duró su peregrinación, Herzog escribió un diario que cuatro años después decidió publicar. Ahora la editorial Entropía edita esta joyita, traducida para la ocasión por Ariel Magnus.


Por S.C.

  Hay que ser un poco loco para ser Herzog, se sabe. No pasa nada: varios artistas que pasaron a la historia por sus obras han debido estar un poco locos, gracias a dios o a quien sea. Locos y geniales. Como Werner Herzog: basta saber algunos detalles de cómo filmó sus películas Fitcarraldo (1982) o Aguirre la ira de Dios (1972) para corroborarlo. O ver el documental Mi enemigo íntimo (1999), que el propio Herzog realizó sobre su amigo- enemigo el grandísimo actor Klaus Kinski que, por cierto, estaba más loco que Herzog. Y juntos fueron dinamita.


  En estos días la editorial Entropía reeditó el resultado de una de las hermosas locuras de Herzog: Del caminar sobre el hielo, un libro que el cineasta alemán publicó en 1978 y que si bien había una versión en castellano de 1981, era una obra inhallable. En 1974, él tenía 32 años y se enteró de que la crítica Lotte Eisner estaba muy enferma en Francia. En un ataque casi místico (quizás el “casi” esté de más) el cineasta decidió ir caminando de Munich a Paris con la convicción de que si lograba su cometido Eisner se salvaría de su inminente muerte. Así lo hizo, y así sucedió: Herzog cumplió su parte y Eisner murió nueve años después de la peregrinación. 


  ¿Por qué tanto interés en salvar a Eisner? Esta mujer nacida en Berlín en 1896 era venerada por quienes integraban el Nuevo Cine alemán surgido en los años 60 porque, además de ser una enorme crítica cinematográfica, era considerada la más importante estudiosa del expresionismo alemán, trabajo que volcó en una lectura obligada para quienes desean ahondar en uno de los movimientos que más ha influenciado al cine en su historia: La pantalla diabólica (editado en argentina por El cuenco de Plata en el 2013). Eisner además fue cofundadora nada menos que de la Filmoteca Francesa, una de las más prestigiosas del planeta. Vale recordar que Herzog era uno de las cabezas visibles del Nuevo cine alemán, junto con Wim Wenders –que le dedicó su magistral Paris, Texas (1984) a Eisner-; Rainer Werner Fassbinder; y Volker Schlöndorff.


  Después de partir el 23 de noviembre de Munich y caminar hasta el 14 de diciembre, Herzog llegó al departamento parisino de Eisner extenuado y con los pies desfigurados, pero también con los cuadernos que se habían convertido en su diario de viaje. Cuatro años después de la epopeya, el cineasta alemán por suerte pensó que a alguien más podrían interesarle esas anotaciones y así llegó a las librerías la primera edición de Del caminar sobre el hielo. En el prólogo, escrito el 24 de mayo de 1978, él recuerda que un amigo lo llamó desde Paris y le avisó que  Eisner estaba por morir. “Yo dije que eso no podía ser, no en este momento, el cine alemán aún no podía prescindir de ella, no debíamos permitir que eso sucediera. Agarré una campera, una brújula y un bolso con lo estrictamente necesario. Mis botas eran tan sólidas y nuevas que confiaba en ellas. Tomé el camino más recto hacia París, con la firme creencia de que ella seguiría con vida si yo iba a pie. Además, quería estar a solas conmigo. Lo que escribí durante el viaje no estuvo pensado para lectores. Ahora, casi cuatro años más tarde, al volver a tomar en mis manos el pequeño anotador, me vi embargado por una rara emoción, y el deseo de mostrarles el texto también a otros, desconocidos, para mí pesó más que la timidez por abrir tanto la puerta a miradas extrañas. Sólo suprimí algunos pasajes muy privados”.


  Durante los fríos días en los que peregrinó, Herzog atravesó pueblos, bosques, campos, ríos. Observó. Y escribió, rescatando imágenes cotidianas, reflexionando sobre la importancia de desplazarse a pie, de beber en las tabernas para espantar el frío, de compartir con animales la búsqueda de alimento y calor. “No tendría nada de esto por verdadero si lo viera en un filme”, escribió en aquellas jornadas. Tanto  la experiencia de la escritura de los diarios como la propia caminata mística están en consonancia con su obra cinematográfica, ya sea la previa o la posterior a ese viaje de Munich a Paris: se pueden ver rastros de esa mirada o de esa lucha contra la naturaleza en Nosferatu (1979); en Fata Morgana (1971); en el documental Grizzly Man (2005) o como ya se mencionó en Aguirre la ira de Dios, entre otros filmes.


  En el epílogo de la flamante edición de Del caminar sobre el hielo, que fue traducido del alemán por Ariel Magnus,  se incluye un texto que Herzog escribió sobre Eisner con motivo del Premio Helmut Kaütner:  “Somos una generación de huérfanos, no tenemos padres, en todo caso abuelos a los que nos podemos referir, como Murnau, Lang, Pabst, la generación de los años 20. Es extraño que la continuidad en el cine alemán a través de la barbarie de la época nazi y de la posterior catástrofe de la Segunda Guerra Mundial se haya desecho. El hilo se terminaba, en realidad ya antes. El camino nos llevaba a la nada. Quedaba abierto un hueco de un cuarto de siglo. De ninguna forma se podía percibir de modo tan dramático en la literatura y en otros ámbitos. Por eso la participación de Lotte H. Eisner en nuestro destino, también en el de los jóvenes, ha levantado un puente en la continuidad cultural e histórica". 













  • Autor: Sergio Criscolo