Cine

Hay vida más allá de Hollywood

Salas alternativas que ofrecen filmes que no llegan a las salas comerciales

  

  El Malba, el cine Gaumont, la Sala Lugonesl, C.C. San Martín y el Museo de Bellas Artes son solo algunos de los espacios porteños donde se puede ver muy buen cine, por fuera de los circuitos más enfocados en el cine comercial. Aquí, una guía detallada de cuáles son y qué se puede encontrar en cada uno de ellos.



   Abril es el mes más esperado por aquellos que desean ver un espectro más amplio de películas de las que habitualmente llegan a las carteleras argentinas. En ese mes se desarrolla el Festival de cine Independiente de Buenos Aires (Bafici) y los concurrentes participan de una orgía visual en la que se mezclan las últimas realizaciones de Filipinas y Corea del Sur, con clásicos restaurados y con excelentes filmes de animación de República Checa, por ejemplo. Pero hay vida (poca) más allá del Bafici: hay que estar atentos y movilizados para disfrutar de los diversos espacios alternativos que ofrece la ciudad de Buenos Aires. 

   Entre el 1 de enero y el 30 de junio del corriente año se vendieron 25 millones de entradas en todo el país, el mejor semestre desde 1986. Pero a esta muy buena noticia se agrega otra un tanto más negativa: los cinco estrenos más vistos representan el 35 % del total de esos espectadores, lo que significa que queda muy poco espacio para otro tipo de propuestas. Aunque quien busca, encuentra.

   Una de las salas que ofrece quizás la mejor programación alternativa es la del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415), que propone ciclos paralelos y estrenos argentinos en las funciones que sostiene desde hace años, de jueves a domingos. Durante julio de este año, por ejemplo, se pueden ver obras de los maestros del mudo Carl T. Dreyer, Sergei Eisenstein, Jean Epstein, Buster Keaton, Fritz Lang, F. W. Murnau y Vsevolod Pudovkin, entre otros. La gran mayoría de los filmes se exhibirá en copias nuevas y con acompañamiento de música en vivo, compuesta e interpretada por la National Film Chamber Orchestra. También en este mes se podrá seguir viendo dos muy buenos documentales como Damiana Kryygi (de Fernández Moujan) y La calle de los pianistas (de Mariano Nante), y asistir a los estrenos de Solo (de Guillermo Rocamora) y La vida de alguien (de Ezequiel Acuña). En este mes también tendrá un lugar en la programación del Malba la segunda edición de Asterisco, el Festival de cine LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queers).

  Otro espacio que ya es un clásico de las salas alternativas y que desde hace unos meses se reabrió con una mejora sustancial de las instalaciones (luego de meses de reclamos porque se mantuvo cerrada mucho más tiempo del previsto) es la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, en el décimo piso del complejo porteño ubicado en la Av. Corrientes al 1500. Allí se pueden ver ciclos de directores o películas clásicas o contemporáneas y desde hace poco tiempo también se estrenan algunas películas argentinas que no tienen posibilidades de entrar en la distribución comercial local. Tal es el caso de Réimon, del prestigioso director argentino Rodrigo Moreno, que tuvo su première mundial en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, seguido por una exitosa presentación en la Competencia Internacional del 16º Bafici. El estreno de Réimon se complementa con la exhibición de los dos largometrajes anteriores de Moreno, El custodio y Un mundo misterioso. También durante julio, en “la lugones” como se la conoce popularmente, se presentará parte de la programación del NL/FilmFest”, que se llevará a cabo allí, y en el Museo del Libro y Lengua de la Biblioteca Nacional, el cine de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Ana Frank y el Club Cultural Matienzo. Se proyectarán películas de holandeses contemporáneos, además de una retrospectiva de trece filmes de Joris Ivens, documentalista que realizó su obra desde la época muda hasta principios de los años ‘80.

  En la misma manzana del Teatro San Martín –Sarmiento 1551- se encuentra el Centro Cultural que lleva el mismo nombre. Y allí existe otra sala que presenta estrenos que tienen pocas copias (o solo una) como Una canción coreana, el documental de Gustavo Tarrío y Yael Tujsnaide recientemente estrenado; y también propone películas que se estrenan en varios cines pero que duran muy poco en el circuito comercial. Una especie de “aguante” cinéfilo, para que obras como Se levanta el viento, del gran cineasta japonés Hideo Miyazaki o Ave Fénix, de Christian Petzold, no se pierdan tan pronto la posibilidad de ser disfrutadas por quienes eligen ver cine en el cine.

  En otro espacio oficial, pero ámbito nacional, se ofrecen funciones gratis: la sala del Palais de Glace (Posadas 1725) se abre 30 minutos antes de cada función y  se ingresa por orden de llegada. Su programación también es muy interesante, con ciclos de una restrospectiva de los documentales del alemán Werner Herzog a, como se puede ver en julio, una selección de óperas primas del cine argentino contemporáneo, como Voley (de Martín Piroyansky), Germania (de Maximiliano Schonfeld) y Ricardo Bär (de Nele Wohlatz y Gerardo Naumann), entre otras.

  El Instituto de cine argentino (Incaa) posee salas en varias ciudades del páis que con precios muy bajos brinda la posibilidad de ver estrenos locales que tienen pocas posibilidades de llegar a salas que prefieren ir a lo seguro desde el punto de vista comercial, como los tanques de Hollywood o los estrenos que poseen un gran apoyo publicitario detrás. En la ciudad de Buenos Aires el Incaa gestiona dos salas, una en el barrio de Congreso (el clásico Gaumont, Espacio Incaa Kilómetro 0, av. Rivadavia 1635) y en Constitución (Arte Cinema, Salta 1620); en ambas se pueden ver películas muy buenas que pasan desapercibidas por el gran público. En el cine de Congreso toda su programación ofrece títulos argentinos, mientras que en el cine de Constitución las películas argentinas comparten la cartelera con algunos filmes de cine de autor: por estos días permanecen en sus salas El acto en cuestión (de Alejandro Agresti); Bolishopping (de Pablo Stiglian); Soy Ringo (de José Luis Nacci); Incendio (de Juan Schnitman); 3 corazones (de Benoit Jacquot); la ya nombrada obra de Miyazaki o Historias de caballos y de hombres, una coproducción islandesa, alemana y noruega dirigida por Benedikt Erlingsson y que duró sólo un par de semanas en las salas comerciales que también intentan también ofrecer cine de autor, como el caso de Bama Cine Arte (Diagonal Norte 1150) o el Arteplex Belgrano (Av. Cabildo 2829).

  Además de la reapertura de la Sala Leopoldo Lugones, la gran noticia del año para los amantes del cine de autor fue la apertura de una hermosa y cómoda sala con capacidad para 260 personas en el Museo de Bellas Artes (Av. Figueroa Alcorta 2280). Allí se propone, como algunas de las salas ya citadas, una mezcla de estrenos exclusivos, con retrospectivas y clásicos. En julio, como ya contó Mercurio Contenidos, además de una imperdible retrospectiva del japonés Hideo Miyazaki, la sala también será sede de algunas películas que conforman el Festival NL de cine holandés, se han programado cuatro comedias francesas de reciente producción, y se continúa exhibiendo en exclusiva la película Mr. Turner, sobre el pintor británico, que dirige el gran director Mike Leigh.  

   Otros espacios para tener presentes y buscar por internet qué están programando son la Alianza Francesa (www.alianzafrancesa.org.ar); el British Arts Centre (www.britishartscentre.org.ar); el Centro Cultural Ricardo Rojas ( www.rojas.uba.ar); el Cineclub Núcleo (www.cineclubnucleo.com.ar/principal.htm); el Goethe-Institut – (www.goethe.de/buenosaires); el Centro Cultural Borges (www.ccborges.org.ar); el auditorio de la Universidad del Cine (http://www.ucine.edu.ar); el Centro Cultural de la Cooperación (http://www.centrocultural.coop/); La Biblioteca Nacional (los martes, organizado por La nave de los sueños, http://lanavedelossuenos.blogspot.com.ar/), el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA, http://www.macba.com.ar/),  y el Museo del cine (http://www.museodelcine.buenosaires.gob.ar/)

   Queda claro que hay que estar atento, buscar, rastrear. Pero también es evidente que existen opciones alternativas y que el panorama cinematográfico de la ciudad de Buenos Aires no tiene por qué terminar en una butaca rodeada de pochoclos y nachos y viendo al último súper héroe salvando al planeta Tierra.  Que por otra parte no está nada mal, aunque  si sólo existiera eso, el mundo se empequeñecería y no habría super héroe capaz de rescatarnos.




  • Autor: Sergio Criscolo