Objetos

Fontanarrosa

La ciudad de Rosario y el Negro

Bar El Cairo, Rosario

Fontanarrosa es indisociable de la ciudad de Rosario, no sólo porque nació allí, sino por el modo en que su obra se entrama con la ciudad y su gente.


Por Victoria Mora   

   Roberto Fontanarrosa nació en 1944 en la ciudad santafesina. A comienzos de los setenta comenzó a publicar en el diario Clarín una tira diaria con uno de sus personajes más reconocidos, el Inodoro Pereyra, un gaucho renegado que acompañado por su perro Mendieta, mascota parlante, recorre diversas aventuras. Luego se incorporó Eulogia, su mujer, robada de un carnaval.  Antes de su reconocimiento por sus publicaciones en el diario había trabajado en la revista Hortensia. De allí en adelante construyó una trayectoria ligada al humor gráfico y a la literatura. Publicó libros de cuentos, novelas y recopilaciones de sus distintas tiras.

  Uno de los lugares de la ciudad de Rosario que han quedado para siempre asociados al nombre del escritor y humorista es el bar “El Cairo”. Ubicado en el centro de la ciudad. Ese fue el lugar donde Fontanarrosa se encontraba con sus amigos, en lo que luego se conoció como la mesa del “los galanes”. El bar fue inaugurado en 1943 y ha sido un espacio de encuentro para miles de rosarinos. A partir de los años setenta, se convirtió en un punto de reunión de jóvenes intelectuales que se reunían los sábados al medio día. 

  Dijo Fontanarrosa: “Muchos de los motivos de mis cuentos y muchos de los personajes ficticios que aparecen en mis libros están inspirados en las charlas que se daban con los muchachos en la mesa del bar”. Hoy el bar sigue siendo un lugar de visita obligado para aquellos que hayan disfrutado de los cuentos de Fontanarrosa y quieran sentarse allí en la cocina de muchas de sus historias. El lugar cuenta con un living, una barra, un camino que recuerda a una calle antigua y que desemboca en un espacio cultural que incluye una biblioteca y un escenario.

  La mesa de “los galanes” que quedó inscripta para siempre en varios cuentos del escritor,  luego saltó a la pantalla chica y a las tablas del teatro. En 2007 la TV pública emitió un ciclo llamado “Cuentos de Fontanarrosa” donde se interpretaron algunos de estos cuentos. También varios de sus relatos del bar pudieron verse en el teatro, los personajes entrañables conversaron sobre las tablas con el humor característico de la obra del autor. 

  Fontanarrosa solía contar que lo que ocurría en esa mesa no era una charla de alto vuelo filosófico, más bien todo lo contrario. Los amigos hablaban de fútbol y de mujeres, inevitablemente. Incluso el Negro lo expresó con todas las letras, dijo que allí se hablaba “de pelotudeces”. Fiel a su estilo y al gran respeto que para el merecían las malas palabras.

  Rosario fue el escenario del III Congreso Internacional de la lengua Española. Identidad, lingüística y globalización. Allí, en su célebre conferencia Fontanarrosa defendió de manera magistral las malas palabras: “¿Por qué son malas las malas palabras?” se preguntó. Pidió una amnistía para ellas, explicó a puro humor y respeto por el lenguaje, que hay ciertas palabras de las que solemos llamar malas, que tienen su singularidad que son irremplazables y necesarias, y que también hablan de nuestra identidad.

  En 2007, el Negro Fontanarrosa falleció en su ciudad natal. Sin embargo,  allí no se registra el último evento que une al autor y a Rosario. No se cierra una relación, más bien continúa con la fuerza de los tributos y los homenajes: las obras de teatro se siguieron presentando, “El Cairo” sigue allí recordándolo.

  A partir de julio de 2013 el Centro Cultural Bernardino Rivadavia pasó a llamarse Roberto Fontanarrosa, homenaje no menor tratándose de el centro cultural que con treinta años de existencia vio pasar por sus instalaciones a figuras reconocidas como Borges, Gelman, Soriano o Tizón entre tantos otros. Se trata de un sitio emblemático de la cultura rosarina. 

Sus personajes pueden verse en esculturas frente al Monumento a la Bandera. En pleno corazón de la ciudad Mendieta, el Inodoro Pereyra, Boogie el aceitoso recuerdan la trascendencia de un artista que ha traspasado las fronteras de la ciudad para llegar a ser reconocido nacional e internacionalmente.


  • Autor: Victoria Mora