Dixit

Salvarse

De Liza Porcelli Piussi

Salvarse

 

Éramos muchos cuando empezamos a girar.

 Nos miramos entre todos y sí,nosotros dos nos habíamos visto,

pero no nos imaginamos que…, nunca lopensamos.

Y los otros fueron saliendo,

dejando el juego y de repente

la última silla, queda la última sillay solo nosotros dos

en esto que pronto pasa a ser nuestro juegoporque los demás nos miran,

nos reconocen como los únicos dos; y lamúsica suena, es el último tramo, y empezamos a girar alrededor. Tranquilos,nos observamos, nos sonreímos de costado. Sabemos que al principio hay unascuantas vueltas de música asegurada y caminamos a tranco suelto. Uno sigue alotro y el otro sigue a uno.

Y el tiempo avanza con la música. Y en elcentro, entre los dos,

la silla empieza a tirarnos como un imán.Vamos inclinados hacia ella.

Pero no es tanto la necesidad de ganar loque nos hace pisarnos los talones sino

el no querer quedarnos afuera sin lugar. Yahí vamos, torpes, tambaleando. Sabemos que en cualquier momento la música podríadejar de sonar y habrá que sentarse, empujarse y matarse por ser el que ocupeel centro. Y caminamos robóticos,

mirando hacia abajo, mirando cada paso quedamos

para no dar ni uno más que el otro y quedarfuera de juego.

Y aunque debería sonar la misma música queal principio, de pronto parece sonar distinta, más rápida tal vez, y nosaceleramos y ninguno va a su propio ritmo, imitamos el del otro para no quedarni muy atrás ni muy delante.

Maldecimos las reglas, ¿por qué tiene quequedar una sola silla? Y así seguimos

varias vueltas, ¿quién está a cargo de lamúsica?,

nos cuesta creer que todavía siga sonandopara nosotros, solo para nosotros.

¿Acaso no va a apagarse nunca?

Y me tropiezo y sigo, y los dos levantamosla vista, tratando de entender,

y volvemos a mirarnos como al principio,ahora buscando una respuesta.

Y basta esa mirada para que cada uno caigaen la cuenta de que quien gane,

quien se quede con la silla, se salva dequedar afuera, sí,

pero de poco nos servirá salvarnos si alhacerlo 

el juego acaba.

 

 


  • Autor: Liza Porcelli Piussi