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Clásicos de hoy y de siempre

Ética y estética de un genio llamado Camus

Considerado uno de los intelectuales más destacados del continente europeo luego de la II Guerra Mundial, Albert Camus fue novelista, filósofo, periodista. El extranjero lo consagró precozmente. Su figura se agiganta con el tiempo.

      

Por V.A.                   

   “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”. Así comienza El extranjero, la primer y magnífica novela de Albert Camus (1913-1960), que lo consagraría precozmente –apenas contaba 29 años, y hacía dos que había llegado a París, desde su Argelia natal- como uno de los escritores fundamentales del siglo en el que le tocó vivir. En esa expresión desencantada, en esa imperturbable aceptación existencial, está condensada de algún modo la esencia de su literatura. El extranjero es considerada un clásico de la narrativa francesa de posguerra, y una obra que marcó a una generación.


  En la novela -escrita y publicada el mismo año, 1942-, Camus explora la vida de un personaje abstraído de la realidad, casi un "extranjero" del mundo –su nombre, Mersault- a quien nada conmueve ni modifica y que nunca siente remordimiento por un homicidio que comete. Tampoco la muerte de la madre, el reencuentro con una mujer que le atrae, el juicio por asesinato y la condena a muerte parecen perturbarlo: Mersault no cree en la salvación religiosa y transmite cierta apatía de la que nada lo aparta: “Todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida.   Desde que uno debe morir, es evidente que no importa cómo ni cuándo”, dice. Y también: “No hay otra certeza que la muerte y la existencia de Dios es irrelevante comparada con el cabello de una mujer”.

  La originalidad de Camus residió, ante todo, en esa capacidad de fundar una "filosofía del absurdo", que recuperaba cierto nihilismo de Nietzsche y elementos del existencialismo sartreano. Una teoría que también expuso en su ensayo literario El mito de Sísifo (1942). El absurdo no es el sinsentido del mundo, sino la falta de sentido en un mundo que los hombres - inventores y huérfanos del sentido- reclaman que exista: “El hombre se encuentra ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de felicidad y de razón. El absurdo nace de esa confrontación entre la llamada humana y el silencio sin razones del mundo”. El absurdo no es un dato elemental sino un divorcio, entre la demanda de los hombres y la callada respuesta del universo.

  Precoz en la escritura, dueño de un espíritu libertario y contrario a todos los dogmatismos –cristianismo y marxismo a la cabeza–, Camus postulaba que la literatura “no es servir a los que hacen la historia, sino a los que la sufren”.

  Hijo de colonos que se dedicaban al cultivo de castañas de cajú, Camus tuvo una infancia humilde con una madre casi sorda y analfabeta y un padre ausente que falleció como consecuencia de una herida recibida en la Primera Guerra Mundial en 1914. El escritor colaboró en Combat, el diario de la Resistencia contra Vichy y el Tercer Reich, elogiado por De Gaulle como un ejemplo de periodismo “insobornable”. En 1939 publicó en Le Soir Républicaine de Argelia un artículo-manifiesto para periodistas y estableció las que para él eran los pilares del oficio-pero bien valen para lo que forjó en su obra narrativa y ensayística-: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación.

  París lo acercaría al círculo existencialista de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. En 1942, el mismo año de El extranjero, salió El mito de Sísifo, un ensayo literario que versaba la intrascendencia del hombre enfrentado al cosmos, a su destino, a la historia. Después de la guerra vendría La peste (1947), crónica de una ciudad que lucha contra una epidemia y que puede leerse como una alegoría sobre el nazismo. Y El hombre rebelde (1951), libro en el que Camus rechaza los totalitarismos del siglo, incluida la Unión Soviética, y que lo aleja de Sartre para quien la crítica hacia Stalin era una “desviación burguesa” imperdonable.

  La pelea con Jean-Paul Sartre tomó estado público en 1952, cuando el filósofo, que dirigía Les Tempes Modernes, le reprochó a Camus su falta de un compromiso militante con el ideario de izquierda impulsado por la Unión Soviética. Siempre vinculado con movimientos políticos de izquierda, Camus rompió entonces con el Partido Comunista francés, al que se había afiliado a mediados de los años 30’: a partir de entonces su compromiso político se irá acercando hacia una forma moderada de anarquismo libertario, pero ya nunca tendrá una posición política partidaria pública.

  Camus fue también un hombre de teatro: director, dramaturgo y autor de distintas obras: "Caligula", "Los justos" o "El malentendido".

  Cuando recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957, tenía 44 años. En su discurso de aceptación agradeció a su maestro de primaria por haber sido una influencia fundamental en su vida. La otra gran influencia en la vida del escritor fue el fútbol, al punto que llegó a decir alguna vez: "Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol".

  Tres años después, el 4 de enero de 1960, a los 47 años, murió en un accidente, cerca de Villeblevin, un pueblo de la Borgoña. En el auto se encontró una obra inconclusa, su autobiografía, titulada El primer hombre.

  • Autor: Verónica Abdala