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Crítica

Detrás de los pasos de un tal Foenkinos 


  David Foenkinos es uno de los mejores escritores franceses de la nueva generación. Aquí, una lectura de su nueva novela, “Los recuerdos” (Seix Barral), y algunas de las razones por las que convendría seguirlo.


 Por Verónica Abdala

  Hace unas semanas atrás me recomendaron un libro, Los recuerdos, de David Foenkinos.  No conocía al autor, un francés nacido en 1974 en París del que muchos hablaban como una de las revelaciones de la nueva generación de novelistas (la misma a la que pertenece, entre otros, la autora de “La elegancia del erizo”, Muriel Burbery). Compré el libro y, curiosa, empecé a leer: me llevó cinco o seis páginas comprobar que estaba atrapada por la historia de Antoine, que, en primera persona, repasa momentos de su vida y reconstruye las memorias de su abuela, a quien decide acompañar en sus últimos años a partir del momento en que es ingresada en una residencia para mayores contra su voluntad.

  Antoine, es un aspirante a escritor, de 38 años -alter ego del autor-, que mantiene con la abuela una relación más profunda y amorosa que con sus propios padres: un hombre con quien no llega a entenderse completamente y una mujer que padece de una patología psiquiátrica que la tiene cada día más desconectada del mundo. El acercamiento a la abuela se produce después de la muerte de su abuelo –marido de ella-, cuando el narrador  toma conciencia de que no compartió con él muchas cosas que hubiese querido, y decide, entonces, acompañarla a ella durante el tiempo que le reste por vivir. La suya no es una elección culposa o melancólica: lo mejor es que la pasan muy bien juntos; a veces uno encuentra aliados para su felicidad.

    El riesgo en esta travesía que encaran abuela y nieto lo asume la abuela, cuando a escondidas decide escapar del geriátrico. A partir de entonces, la trama va alternando secuencias del presente de los personajes con recuerdos, de ellos –criaturas imaginarias- y de cada una de las personalidades–del mundo del arte, la política, la Historia- que son mencionadas a lo largo de las páginas: desde Nietzsche, Van Gogh y F. Scott Fitzgerald, a Gaudí o Marcelo Mastroianni. 

  El pasado, las pérdidas, los duelos, sirven aquí como punto de partida para la construcción de un futuro elegido: en el caso del narrador –el aspirante a escritor-, se trata de la posibilidad de enfocarse en un proyecto literario y darle forma, y a su vez encontrar una mujer que, finalmente, lo enamore. Una mujer 'real'.

 Hay mucho humor, también, en la mirada de Antoine, como si el sinsentido de ciertas situaciones y hasta de ciertos objetos -la fealdad atroz de los cuadros que pueblan el geriátrico donde reside la abuela- produjeran en él una mueca alegre, un escozor involuntario que se permite compartir. Incluso se relaja frente al dolor, como en las primeras frases del libro, cuando dice: “Llovía tanto el día en que murió mi abuelo que apenas podía ver nada. Perdido entre la multitud de paraguas, traté de encontrar un taxi. No sabía por qué quería darme prisa a toda costa, era absurdo ¿de qué servía correr? Total, él estaba ahí, muerto, seguro que me esperaría sin moverse”. Así habla Antoine.

  Si Foenkinos es un narrador excepcional es porque, además de urdir una historia aparentemente sencilla conduce al lector -con delicadeza, haciendo alusión a su anterior novela-, a enfrentar las grandes preguntas sobre la existencia y la vocación.  En este caso, las que puede hacerse, sin dramatismo pero con cierta preocupación genuina, un joven adulto cuya vida no se corresponde todavía con aquello que desea para sí.

  Hay circunstancias que te fuerzan a asumir lo que te importa, y esa cuestión parece estar en el centro de esta novela en que una abuela parte a buscar lo que más amó, mientras el nieto le sigue los pasos y se pregunta al mismo tiempo por qué cosas está él dispuesto a seguir adelante o torcer su destino. "Los recuerdos" es la historia de unos personajes que asumen sus propias búsquedas como valiosas, más allá de a dónde los conduzcan. Pocas aventuras pueden ser más intensas que esa.

  Por estos días en Francia (y en el resto de Europa) se habla del “Fenómeno Foenkinos”: es porque este autor francés se ha convertido en un fenómeno literario. El éxito rotundo le llegó con su novela anterior –la cuarta de su autoría-, "La delicadeza", que llevaron al cine el propio David y su hermano Stehpháne Foenkinos -protagonizaron Audrey Tautou y François Damiens-, y supuso su consagración internacional. Galardonada con diez premios -entre los que destacan el Premio de los Lectores de Télégramme, el Premio An Avel o el Premio 7ème Art)-y única novela finalista de todos los grandes premios literarios franceses (Goncourt, Renaudot, Médicis, Fémina, Interallié…), fue publicada en más de treinta países y llegó a vender nada menos que 50 mil ejemplares en España y un millón en Francia. "Los recuerdos" viene a confirmar el talento del autor para construir obras frescas y al mismo tiempo melancólicas, inolvidables a su modo. 

  

David Foenkinos (París, 1974) estudió Letras en la Sorbona y se formó como músico de jazz. Es autor de diversas novelas, entre ellas: El potencial erótico de mi mujer (2004), Premio Roger-Nimier en 2004; En caso de felicidad (2007); Nos séparations (2008), La delicadeza (2010; Seix Barral, 2011) y Los recuerdos (Seix Barral, 2014)

  • Autor: Verónica Abdala
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