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Mexico de visita

Juan Villoro, Paco Ignacio Taibo II y Elena Poniatowska en la Feria del libro

“La escritura es una gran aventura solitaria”

La Feria del Libro de Buenos Aires se prepara para recibir a México como país invitado de honor, por lo que se espera una “invasión” de la cultura mexicana con el arribo de autores como Juan Villoro, Paco Ignacio Taibo II y Elena Poniatowska, entre otros. Ella es una de las grandes periodistas y cronistas de México: retrató sus eventos más tremendos (La noche de Tlatelolco), dio voz a las víctimas (Hasta no verte, Jesús; La herida de Paulina), y entrevistó a los miembros más lúcidos, talentosos y activos de los últimos 60 años de la cultura mexicana.

 Por Verónica Abdala 

   Cuando comenzó su carrera de periodista en el diario Excelsior, en 1953, Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932) pensó que sería conveniente firmar con el apellido de su madre, una mexicana de ascendencia francesa, llamada Paula Amor, pero a su tía poeta, Guadalupe Amor, no le pareció una buena idea: “Tú eres una pinche y yo soy una diosa, así que quítate ahorita mismo esa idea de la cabeza”, le dijo ella. Pensó entonces Elena que sería divertido firmar como Dumbo, en homenaje al elefantito de los cuentos infantiles, pero se topó con otro problema y fue que había en ese periódico otra chica que firmaba como Bambi, y al editor no le interesaba “trabajar con todo el zoológico de Disney”. De manera que no le quedó más remedio que firmar con su verdadero nombre y apellido, de ascendencia polaca.

  Había nacido princesa en París, en el seno de una familia de polacos exiliados -su padre, Jean Evremont Poniatowski Sperry, era heredero de la corona polaca, y se había exiliado en Francia-, y llegado a México a los 10 años, junto a su mamá y su hermana Kitzia, huyendo de la invasión Nazi en la capital francesa.

 Las historias del México profundo le llegaron primero a través de su niñera, Magda. Después fue ella misma, Elena, quien se sintió parte de esa cultura y decidió renunciar, siendo muy joven,a su título de nobleza, enamorada como estaba de las historias brutales de la calle, del socialismo, y de la escritura, claro. 

  Su padre alcanzó a su esposa e hijas al término de la Segunda Guerra Mundial, en esa patria que Elena ya consideraba propia. "En París nunca había visto gente descalza ni personas que se replegaran en las paredes a tu paso para no estorbar. Ése fue mi inicio, el interés por escribir sobre personas que nunca te van a leer, gente que no lee el periódico, cuyas vidas no son nada", contó sobre el impacto que sintió en aquellos días y de algún modo dieron origen a su vocación.

  Ella no recuerda el momento preciso en que comenzó a escribir profesionalmente y sostiene que el periodismo “se cruzó” en su camino: “Mis papás me daban una vida como muy de la colonia francesa. En mi casa se hablaba francés. Entonces empecé a descubrir a través del periodismo un país extraordinario. Mediante entrevistas con Alfonso Reyes, con Diego Rivera, con Octavio Paz, con Siqueiros en la cárcel. Cuando uno es muy joven se atreve a todo porque ni cuenta se da”, le dijo al periodista Martín Granovsky una vez.

   En 1953 comenzó a trabajar en el diario Excélsior escribiendo crónicas sociales (y en 1954, o publicó su primer libro, "Lilus Kikus", alternando su trabajo periodístico con su creación de ficción). Ella dice: “Mis relatos y preguntas partieron siempre de la observación y de una gran ingenuidad. Cuando lo conocí a Diego Rivera no había visto sus murales, no sabía quién era. Me impresionaron sus dientes tan chiquitos en ese hombre tan grande y le pregunté si eran de leche. ‘Sí, para comerme polaquitas preguntonas’, respondió él.”

  También dijo que siempre preguntó con candidez: “Yo no sabía nada, preguntaba a partir de una curiosidad genuina,  todavía hoy no sé. Tampoco soy una gente que está informada de muchísimas cosas. No tengo formación académica ninguna. Y a mí en las entrevistas nunca me han insultado. Las hacía como los norteamericanos lo dicen: un profile. Describía la casa, la esposa, la manera en que se trae el café. Y hay perros y hay gatos. Todo lo que uno ve y no sólo lo que dice el entrevistado”. Así se convirtió, sin darse cuenta, en una maestra en el arte de contar. 

  Hoy, con cerca de 40 libros publicados, sigue escribiendo con el mismo entusiasmo de una adolescente, y asegura que la tienen sin cuidado sus parientes europeos, que en honor a su origen noble y su inclinación socialista siguen llamándola "Princesa Roja".

   Entre sus principales obras figuran “La noche de Tlatelolco”, considerada un clásico y traducida al inglés como “Massacre in México”, en que narró la represión mexicana que culminó con una matanza estudiantil en 1968 (donde murió un hermano suyo, de 21 años). “De esa terrible noche del 2 de octubre de 1968 data, acaso, la transformación de la Princesa Poniatowska, en una Pasionaria sonriente y tranquila de las causas de izquierda”, escribió el mexicano Carlos Fuentes. “No siempre estoy de acuerdo con ella en sus juicios. Siempre admiro su convicción y su valor”.

  En “Hasta no verte Jesús mío”, reprodujo la voz de Jesusa Palancares, una mujer que participó de la revolución mexicana, en “Tínísima” noveló la vida de la fotógrafa italiana Tina Modotti, y en “Octavio Paz. las palabras del árbol” hizo lo propio con la vida del premio Nobel, que fue además uno de sus grandes amigos. “Querido Diego, te abraza Quiela” sumerge al lector en la supuesta correspondencia que intercambiaban el muralista mexicano Diego Rivera y Angelina Beloff, mientras que “La herida de Paulina”, invita a conocer una realidad más cruel: la de una adolescente mexicana violada.

    Las marcas de la vejez podrían hacerla aparecer como una abuelita inofensiva. Son sus libros los que revelan el filo de su pluma, su inquebrantable compromiso con la verdad y la justicia, su fortaleza de espíritu. Sus amigos y maestros Octavio Paz -que la llamaba "La princesa rebelde"-, Juan Rulfo, Luis Buñuel, y Carlos Fuentes, llegaron a pensar que la historia de México tendría menos sentido sin sus escritos. En 2013 del Premio Cervantes, máxima distinción para las letras en castellano. Sigue escribiendo y proyectando libros.



Textuales

* “No creo haber escrito mi gran obra, y tengo los cajones de mi casa repletos de proyectos y obras inéditas. Por otra parte, nunca me plantee adonde quería llegar. Simplemente siento que lo que tengo, me ha caído del techo. Y siento que como periodista, no puedo desligarme de la realidad, ni siquiera cuando escribo ficción. Mucho menos en países como los nuestros, en que la pobreza y la violencia se nos presentan a diario, y tan crudamente.”

* “La ficción refleja una realidad, a posteriori, y que, aunque no vaya a cambiar las cosas, en algún sentido introduce a la gente a una determinada percepción. Las novelas pueden decir grandes verdades o verdades parciales, pero en cualquier caso pueden abrirle los ojos a mucha gente.”

* “Me siento periodista antes que escritora. La palabra escritora se me aparece como muy importante. Yo creo que debo ser las dos cosas, pero que el hecho de ser escritora no me aleja de la realidad de mi país. En cualquier caso, la escritura es, además de una inmensa responsabilidad, una gran aventura solitaria.”

* “Yo elijo que la realidad entre por mi ventana, y sé que eso me obliga a tomar partido por ciertas ideas, en detrimento de otras. Tú no puedes escribir únicamente sobre tus fantasías o tus estados de ánimo si allí afuera hay un terremoto o si la gente está muriéndose de hambre. La realidad casi siempre se cuela en los relatos, porque es tanto más fuerte que la imaginación.” 

  • Autor: Veronica Abdala