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Lolita cumple 60

La novela más famosa de Vladimir Nabokov (1899-1977),


La primera edición se publicó en París en 1955. La versión original fue prohibida en Francia e Inglaterra. Hasta tres años más tarde no pudo publicarse en los Estados Unidos. Nabokov también tradujo Lolita al ruso (la traducción fue publicada por Phaedra en Nueva York en 1967).

La novela más famosa de Vladimir Nabokov (1899-1977)  es considerada una obra maestra, polémica y inquietante. La conmoción que provocó su aparición –y el éxito comercial arrollador que supuso su venta en todo el mundo- cambiaron para siempre la vida del genial escritor ruso.


Por V.A.

  “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes".  La novela se publicó por primera vez el 15 de septiembre de 1955 en París -tras haber sido rechazada por cuatro editoriales estadounidenses-, en dos tomos de la editorial Olympia Press. Antes de eso, Nabokov había escrito un borrador que tituló El hechicero -se editó en París en 1939-  y se propuso quemar, y también tenía como protagonista a un hombre cuarentón obsesionado con una nena de 12. Su esposa  Vera había rescatado el material sobre el que se erigiría años después su obra más célebre, al que muchos han considerado un libro perturbador.

  Si lo fuera, quizás es porque, como pensó David Lodge  en El arte de la ficción,  “otorga una seductora elocuencia a un corruptor de menores y asesino". Aunque Lolita es, ante todo, una poderosa historia de amor (y seducción), para nada convencional, entre un hombre maduro obsesionado con una pre adolescente –ver Un argumento para la polémica-, y aunque el arte y la literatura jamás deberían ser puestos bajo la lupa desde el punto de vista de una moral colectiva, que además cambia de forma de acuerdo a los parámetros de  época, el tema ha disparado todo tipo de debates a lo largo de seis décadas, no siempre justificados.

El mismo Nabokov argumentaba que había demasiadas confusiones en torno de los personajes y la trama. En relación a la supuesta perversidad que muchos creyeron ver en la adolescente, explicaba que Lolita “no es una perversa. Es una pobre niña que corrompen y cuyos sentidos nunca llegar a despertar, bajo las caricias del inmundo Sr Humbert. Se habla del problema de la degradación de la nínfula, pero lo cierto es que la supuesta perversidad de la pobre chica fue exagerada –su aspecto físico, su edad, todo fue modificado- por la mirada de parte de los lectores y diseñadores de las portadas, muchas veces idiotas que ni siquiera han leído el libro.”

Quienes lo leyeron saben que la maestría de Nabokov reside en el manejo y la riqueza del lenguaje, la precisión de la trama, la construcción de metáforas y  la sutileza y complejidad de sus personajes, a su modo víctimas de un dilema inquietante. 

    " Lolita es una niña de 12 años, mientras que Humbert es un hombre maduro, y el abismo entre su edad y la edad de la niña produce el vacío entre ellos, el vértigo, la seducción”, explicaba el autor ruso en una entrevista televisiva que le hizo el conductor Bernard Pivot para la televisión francesa. “La atracción de un peligro mortal. Pero a su vez, es la imaginación del triste sátiro convierte en una criatura mágica a aquella colegiala americana. Fuera de la mirada maníaca del señor Humbert no hay nínfula. Lolita, la nínfula, sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert. "

Nabokov se hace cargo de la historia y apuesta a construir placer estético, por fuera de todo cuestionamiento moral. Tenía la certeza, y lo expresaba, de que “el arte (curiosidad, ternura, bondad, éxtasis) es la norma. Todo lo demás es hojarasca temática, o lo que algunos llaman literatura de ideas".


La consagración del escritor

 Lolita supuso la consagración literaria del Nabokov, que gozó del prestigio internacional, fama y dinero en un mismo combo, después de años de peregrinar por países diversos y pelear por su lugar.

 Hasta entonces, había padecido desde la frustración de no sentirse reconocido en su justa medida.  Su exilio de Rusia -sentía íntimamente que la  Revolución de Octubre le había arrebatado el sueño de ser el gran escritor ruso de su tiempo- había marcado el inicio de un derrotero que por momentos le había resultado tortuoso.

Nacido en San Petersburgo en 1899, se mudó junto a su familia a Gran Bretaña en 1919 -él recordaría el esfuerzo de cambiar de idioma como una "agonía-, y para pasar después largas estancias en París y Berlín, hasta que se asentó en Estados Unidos, en 1940 (allí vivió hasta su muerte, en 1977). En el medio, sufrió todo tipo de cuestiones: su padre fue asesinado en un acto político en Berlín, sufrió la falta de dinero y luego sobrevivió dando clases en un colegio de niñas ricas, mientras luchaba por ser reconocido por los escritores de habla inglesa que lo ignoraban o no lo alababan como pretendía.

El éxito arrollador de Lolita suponía recuperar el esplendor y a sus 56 años lo convertía, de la noche a la mañana, en uno de los autores de mayor éxito editorial del mundo. 

  A lo largo de seis décadas, millones de lectores y sus propios colegas han reconocido y destacado los méritos del autor y del libro: desde Graham Greene, que le dio el primer impulso en el 55’ al señalarla como uno de los libros del año, a Martin Amis -fanático del ruso y quien sostiene que “con materiales y tonos pícaros y humorísticos, Nabokov escribe una gran tragedia”-, dos generaciones de escritores y lectores se han rendido ante el talento de Nabokov y el encanto de su inefable Lolita. 

John Updike opinó que la fuerza creadora del  ruso "tiene algo de la delicadeza de Austen, del brío de Dickens y del delicioso sabor a vino de Stevenson, incorporado al inimitable brebaje del propio Nabokov". El español Antonio Muñoz Molina sostiene que "gran parte de la maestría de Nabokov es la prodigiosa voz narrativa. El idioma es insuperable: un inglés limpio y preciso, y a la vez teñido por el punto de rareza de quien lo usa, Humbert Humbert". Mientras que el peruano mario Vargas Llosa afirma que Lolita se ubica entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo:  "La novela resiste el asalto de la forma, pues lo que cuenta tiene raíces profundas en lo más vivo de lo humano: el deseo, la fantasía al servicio del instinto", define y acierta.

La historia sería llevada al cine por primera vez en el año 1962, por el director Stanley Kubrick, y protagonizada por James Mason, Shelley Winters, Sue Lyon, y Peter Sellers, entre otros. Posteriormente, en el año 1997, una nueva versión aparecería en la gran pantalla, esta vez bajo la dirección de Adrian Lyne, y con Jeremy Irons, Dominique Swain, Melanie Griffith, y Frank Langella en los papeles principales.


Un argumento para la polémica

  El profesor, Humbert Humbert -un hombre cercano a los 40 años- llega a Estados Unidos desde Europa y alquila una habitación en la casa de una viuda solitaria, Charlotte Haze, después de conocerla a ella y a su hija Dolores mientras tomaban el sol en el jardín. Dolores tiene doce años y le dicen Lo, Lolita. El se enamora de ella a primera vista pero en cambio se casa con su madre. Los días transcurren sin sobresaltos hasta que Charlotte encuentra el diario de su nuevo marido, en que confiesa una y mil veces su  obsesión por Lolita. Ofuscada, sale de la casa y muere atropellada por un auto; es a partir de entonces que Humbert –que queda como legítimo encargado de la chica- comienza con ella la convivencia y luego un viaje, por una serie de moteles de Estados Unidos. Los unirá un amor prohibido, aunque a pesar del potencial escabroso del tema (Humbert tiene "extenuantes relaciones sexuales" con su nínfula al menos dos veces al día durante dos años), Nabokov presenta un relato más sugerente que pornográfico, un escenario sensual y provocativo.

Al final de la novela, cuando se encuentra de manera fugaz con Lolita, lo hace para darle el dinero que ella le ha pedido alguna vez para poder vivir  con su marido en Alaska, aunque él aún desea a Lolita y no está dispuesto a perderla.



  • Autor: Veronica Abdala