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Dónde estudiar teatro

Docentes de lujo

Gaby Ferrero

 La ciudad de Buenos Aires sólo es superada en cantidad de teatros por París, Nueva York y Tokio, casi iguala a Londres, y está por encima de San Pablo. Los cursos existentes son también numerosos y variados. Mercurio Contenidos conversó con referentes del teatro independiente, y presenta un seleccionado de docentes lujo.

  

 Por S.C.

El huevo o la gallina. En la ciudad de Buenos Aires llama la atención tanto la cantidad de salas como la cantidad de estudiantes de teatro. Es imposible de determinar si una cosa genera la otra o viceversa. Pero hasta el más distraído puede suponer que debe existir alguna conexión entre ambos datos. La cuestión es así: hay alrededor de 400 obras en la cartelera porteña, contando desde la más comercial hasta a la que se ofrece en el más oscuro de los sótanos. Hay cerca de treinta teatros comerciales, más de veinte oficiales (entre ellos el Complejo Teatral General San Martín y el Cervantes) y alrededor de 180 teatros independientes, popularmente conocidos como teatro “off”. Si se contabilizaran las salas, el número ascendería aun más, ya que varios teatros cuentan con más de una sala. Y en casi todos esos espacios se disfrutan de increíbles interpretaciones y textos maravillosos. Para contextualizar: según la World Cities Culture Report, la ciudad de Buenos Aires sólo es superada en cantidad de teatros por París, Nueva York y Tokio, casi iguala a Londres, y está por encima de San Pablo. Si nos remitimos a cantidad de espectadores por año, se calculan tres millones de asistentes a las salas comerciales y alrededor de 600 a las no comerciales.

  En una ciudad con estas características, sería muy extraño que no hubiera decenas y decenas de estudiantes de teatro. Si lo que se ve es bueno, contagia. Dan ganas de probar. Y a la vez, si se estudia con muy buenos docentes, como los que existen, dan ganas de mostrar lo que se aprendió y generó. El huevo y la gallina. Así es como se explica que Buenos Aires tenga alrededor de 50 mil estudiantes de teatro. Que van a escuelas estatales, a privadas, a centros culturales, a talleres, seminarios, entrenamientos. La posibilidad de elegir es enorme, hay para todos los gustos y expectativas. 

  La lista de los cursos y talleres recomendables es amplia. Se puede buscar una iniciación a la actuación en los muy buenos cursos que brinda el Teatro San Martín o hacer una carrera sistemática en el UNA (Universidad Nacional de las Artes, ex IUNA). En el medio, maravillosos profesores sacan lo mejor de cada uno para que el cuerpo sea una herramienta que comunique con todos los sentidos.

  Lorena Vega, a pesar de no llegar a los cuarenta, enseña esta disciplina desde hace casi veinte años. Reconoce a Nora Moseinco y a Ciro Zorzoli como sus maestros en la docencia. Vega además es una figura reconocida del off porteño, donde dirige y actúa desde hace años. “De mi actividad como docente me siguen sorprendiendo muchas cosas –dice a Mercurio Contenidos-, pero si tengo que destacar algo es que a fin de año, en la reflexión final del curso, una gran mayoría decide dejar sus actividad actual y dedicarse de lleno a la actuación”. Vega ofrece dos grupos semanales de entrenamiento para gente con alguna experiencia actoral. “Intento generar espacios de mucha creatividad porque trabajo desde la improvisación –agrega-. Los grupos son lugares integradores donde se constituyen una pertenencia muy fuerte. Y son espacios también estimulantes y multiplicadores porque siempre surgen obras, eventos, proyectos, más allá del entrenamiento que pone a todos en acción”.


  A la par de Vega hay enormes maestros a los que se puede acudir, como Norman Briski, Pompeyo Audivert, Alejandro Catalán, Augusto Fernández, y a quienes integran las escuelas de Ricardo Bartís, Claudio Tolcachir (Timbre 4), y Julio Chávez. También Gaby Ferrero, que enseña a adolescentes de 13 a 15 años, y Andrea Garrote que, como Vega, son destacadas figuras del panorama off local y llevan casi dos décadas a la docencia teatral.

 En su taller para adolescentes, Ferrero también trabaja, sobre todo, con la improvisación. “Ofrezco ejercicios disparadores que pueden tener que ver con juegos físicos, con música, con algún uso particular del vestuario, con noticias del diario”, explica ella. “Muchas de las clases trabajamos también con sucesos que traen los alumnos, como relatos, anécdotas –continúa-.  A veces esas improvisaciones son lo suficientemente interesantes como para que se transformen en una escena. Ahí surge el guión, la repetición, el ensayo. La adolescencia es un momento muy extremo. Los pibes aman y odian con una intensidad increíble. Quieren vivir de modo alocado y al instante todo perdió sentido. Esos extremos son muy interesantes para trabajar. Es lo que más me gusta de ellos.”  Fue tan buena la muestra de fin de año de sus alumnos, que en estos días han hecho dos funciones más en el teatro Anfitrión, en donde a lo largo del año Ferrero ofrece su curso.

  Quienes vayan al estudio de Julio Chávez deberán primero pasar por otros profesores antes de estar bajo la mirada del protagonista de Tratame bien y Farsantes, entre otros exitosos programas; el plantel docente está integrado por muy buenos profesores, como Luz Palazón y Lili Popovich entre otros. Primero se realiza una entrevista previa con el interesado,  y si es que es aceptado, se lo destina a alguno de los grupos que se dictan allí cada año. En lo de Chávez se trabaja tanto la improvisación como el texto. Además la escuela ofrece ciclos de cine y en lugar de una muestra anual se producen obras “semimontadas”, a medio hacer. También una o dos veces al años e puede participar como invitado en el curso de Chávez, como así también en los demás cursos. Se arman seminarios de historia del teatro o clases de entrenamiento físico. Todas estas propuestas son opcionales, hay quienes sólo van al curso de entrenamiento que les ha tocado y ya. Y una vez que se llega a estudiar con el propio Chávez, si es que se llega ya que no todos acceden, él no deja que los alumnos estén más de dos años bajo su mirada: pasado ese lapso se deberá emigrar.

  Con Bartís el sistema es bastante similar: primero una entrevista, y si se es aceptado, se empieza por alguno de los docentes de su equipo. Antes de llegar a las manos de Bartís, hay que estar como mínimo dos años con otros profesores. En esta escuela también se trabaja tanto la improvisación como el texto. La segunda mitad del año se hace un fuerte trabajo de cara a la muestra de fin de año, que el estudio toma como una instancia más dentro del aprendizaje, como parte de un proceso, no un producto terminado. 

  Andrea Garrote por estos días está muy entusiasmada ya que los sábados de abril y mayo presentará una nueva edición de Perfecta anarquía en La casona iluminada. Se trata de un ciclo anual que aúna diversas escenas que Garrote rescata entre todas las que se van generando en sus talleres durante a lo largo de los años. Ella tiene dos grupos anuales. “Soy partidaria de alentar la producción, la experiencia del hacer, aunque convivan diferentes "calidades" ya que una población con afinidad a un arte genera la efervescencia necesaria para la aparición de grandes obras, aunque luego como espectador se necesite una buena brújula”, señala. Durante sus clases, le interesa unir de una manera práctica su formación en la actuación y en la dramaturgia. “Me gusta acompañar de manera grupal la producción literaria de los actores,  organizar improvisaciones, e inventar dispositivos para profundizar en diferentes lenguajes de actuación. Mi objetivo principal es que el grupo se torne un grupo de producción de teatro dentro del taller para que puedan ser dirigidos como actores en sus proyectos”.

  Garrote. Briski. Vega. Ferrero. Bartís. Chávez. Audivert. Una. Timbre 4. Catalán. Un gran seleccionado de docentes, entre otros tantos que hay en la ciudad. A cualquiera de ellos al que se acuda se tendrá una experiencia única, hermosa, divina. Ser el huevo o la gallina, o quizás las cosas a la vez; ser parte  de un colectivo único, sorprendente y vital.  El teatro porteño.


  • Autor: Sergio Criscolo