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41a Feria Internacional del Libro

Lo mejor y lo peor de la Feria del Libro de Buenos Aires, según 5 escritores argentinos

 El 23 de abril comienza, con la dirección de Oche Califa, una nueva edición de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires (FIL), que permanecerá abierta hasta el 11 de mayo. Se trata del mayor evento cultural de Latinoamérica y cada año convoca a más de un millón de personas. Más allá de la fiesta que significa para escritores, editores y lectores, siempre hay aspectos a mejorar o corregir y una polémica que se reaviva año tras año:

 Mercurio Contenidos consultó a cinco escritores que aportan su visión sobre los pro y los contras de la Feria: Guillermo Martínez, Esther Cross, Inés Garland, Laura Galarza y Hugo Salas comparten qué destacan de la Feria y también sobre aquellos ítems que, creen, podrían mejorarse o directamente discontinuarse. Un aporte a la reflexión.

Esther Cross

 Hay un red en movimiento formada por lectores, escritores, libreros, editores, críticos, ilustradores, y todas las conexiones informales y formales que se dan entre ellos.  Sabemos que está ahí pero es tan vasta y compleja que no se ve, es imposible abarcarla. La Feria del Libro la hace visible, es justamente una muestra de ese mundo, de esa red.  Por unos días está ahí, a la vista, concentrada. Sube el grado de conciencia con el que una entra en una librería. Ese mundo disperso por la ciudad y el país se concentra en un lugar, como casa matriz, y eso es bueno y también un poco raro –por lo que tiene, justamente, de exponencial y recorte. Después, según el criterio de los organizadores, según la lectura que ellos tengan de ese mundo, puede convertirse, de acuerdo a lo que subrayen, en un proyecto, en una muestra viva de esa red -como pasó en los últimos años, bajo la dirección excelente de Gabriela Adamo-, o una especie de selfie enorme y estática. Ahora veremos qué viene. Por último, algo más: esta red de la que hablo finalmente incluye a la Feria, por supuesto. Ahí la Feria Internacional no se encuentra sola:  convive con las ferias del libro del interior y también con otros acontecimientos, como el Festival Internacional de Poesía y el FILBA, que van por canales diferentes, y prefiero por muchas razones, entre ellas porque salen a la calle.  Son distintas maneras de estar en ese mundo; de todas una puede  entrar y salir, tejiendo la red mientras la habita, sin pedirle todo a una sola.

Inés Garland

  Siempre me apabulló la Feria del Libro. Entiendo que está muy bien para encontrarse con otros autores y con editores y con los lectores, y que favorecer estos encuentros fructifica de maneras inesperadas. Si alguien quiere novio pero se queda encerrado en su casa, las posibilidades son menores, y lo mismo pasa con los libros que son muy parecidos a los amores. La Feria abre más posibilidades de encontrar una lectura inesperada, un lector que nos de fuerzas en los momentos de desaliento, un ilustrador, un editor, un proyecto.  Me interesan muchas veces las mesas y algunas presentaciones.

 La contra es, para mí, el exceso de ofertas. Me siento bombardeada con una programación que excede mi disponibilidad. Me disperso con facilidad y no soy buena para leer agendas muy atiborradas. No hay Feria en la que no me entere de algo cuando ya es tarde. Pero eso es más mi problema que el de los organizadores.  Hay que estar informado y yo no lo estoy.

Guillermo Martínez

 Todos los años, puntualmente, con el inicio de la Feria del Libro, se inicia también la ronda del menosprecio en los aspirantes a happy few de nuestra literatura. Los argumentos son tres y siempre los mismos, a esta altura lugares comunes. Por eso vale la pena mirarlos de cerca: cada uno es cierto a su manera, pero también a su manera cada uno es sospechoso. El primero advierte y se alarma de que, cada vez más, dentro de la Feria, la literatura queda en desventaja frente a las figuras del espectáculo, que no contentas con adueñarse de las masas desde las pantallas, también se proponen robarse a los pocos lectores verdaderos que circulan desprevenidos y a quienes venderán, bajo hipnotismo, sus biografías no autorizadas.

 El segundo es de tipo economicista: sostiene que los libros en la Feria, después de todo, no están más baratos que en la librería del barrio, donde el librero amigo (además) hace descuentos a los fieles compradores de  cada semana. ¿Para qué entonces fatigarse hasta la Rural y pagar encima una entrada? Este argumento se complementa con la afirmación (falsa) de que todos los libros de la Feria están también en cualquier librería de Buenos Aires.

 El tercero es fóbico-xenofóbico: a la feria del Libro va demasiada gente. Gente que no se interesa lo suficiente por la verdadera literatura, que hace cola sólo por el Fernet Branca, que no tiene el hábito de leer y compra infaliblemente libros equivocados (de autoayuda,  de recetas de cocina, o bestsellers infames). Estudiantes llevados a desgano por sus maestros, curiosos que entran y salen de las salas sin saber a quién escuchan, grupos familiares que lo toman como un paseo y sólo piensan en sentarse a comer un pancho. Los happy few irían encantados a la Feria si hubiera entrada calificada y pudieran encontrar sólo a otros happy few (y a las promotoras de Fernet Branca).

 Sobre el primer argumento: es cierto que la Feria es un terreno de disputa cultural, al que tratan de extender su dominación los medios y figuras más poderosas. Pero sigue siendo un espacio donde el protagonista mayor y predominante es el libro (los libros) y por lo tanto un terreno propicio y potencialmente favorable para salir al encuentro de nuevos lectores, intentar expandir sus gustos y hábitos, romper el cerco, y extender el alcance de la literatura. Darle la espalda a este espacio porque se estaría “contaminando” de otras cosas, regalar graciosamente los millones de visitantes que la Feria conquistó a lo largo de años largos y difíciles, abandonar el terreno, no parece el mejor modo de dar esta batalla.

 Sobre el segundo: la Feria es mucho más que la suma de todas las librerías de la ciudad. En particular, en la Feria están a la vista los catálogos y parte del fondo de todas las editoriales, y también de editoriales extranjeras que no tienen distribución en Argentina, de libros de otros países que nunca llegarían de otro modo, de ejemplares inhallables. Y todos los títulos están reunidos, a la distancia de un click de la computadora y de unos pasos por un pasillo. De modo que es un lugar ideal para la búsqueda del tesoro y para encontrar eslabones perdidos, aún de las bibliotecas más exigentes y sofisticadas. Que tire la primera piedra el que no encontró, nunca, un libro que buscaba.

 Sobre el tercer argumento: hay mucha gente, sí, y quizá lo mejor de la Feria sea esa enorme cantidad de gente que convoca. A mí nunca me parece demasiada. La Feria, otra vez, no es una librería, el templo al que acuden los ya convencidos. La Feria es un espacio intermedio, amigable, una oportunidad cada año para el mejor de los proselitismos, para invitar nueva gente, para incorporar a la lectura a generaciones jóvenes, para mover y hacer girar la rueda de la literatura. Pero quizá, como siempre, lo que verdaderamente temen los que desprecian la Feria, lo que les disgusta en el fondo, es que la gente camine por sus jardines privados, que muchos se enteren de qué se trata y terminen incluso por leer los mismos libros que ellos. Porque la mayor  felicidad de los happy few no suele ser la literatura, sino saberse, o creerse, justamente, unos pocos.

Laura Galarza

 A la Feria del Libro la espero con entusiasmo. Le suma un plus a esos días que dura. Desde que empieza, convivo con la inquietud de saber que tengo una cita. Prefiero ir los días de semana a primera hora de la tarde cuando puede recorrerse con todo el tiempo del mundo y sin multitudes. O los días en que algún amigo o colega presenta su libro. Suelo ir varias veces con mi libreta de inhallables en la cartera y aprovechar las ofertas.

 También es una oportunidad para conocer autores que quizás de otro modo nunca podríamos hacerlo. Como el año pasado con Coetzee y Paul Auster.

 La Feria tiene un gran valor que es acercar la literatura a la gente. Y soy una militante en eso: voy por la vida recomendando libros, así que un evento que obra el milagro de unir libros con personas, tiene todo mi apoyo, aunque, como suelo escuchar en tono de crítica, “solo se tome como un paseo o divertimento”. Bienvenido sea. No creo en la literatura como algo ceremonioso. Y además ya dijo Freud en El malestar en la cultura que la diversión es una de las cosas que sirven para soportar el rigor de vivir.  

 Claro que un evento de semejante proporción siempre va a tener aspectos a mejorar. Pero eso se lo dejo a los expertos. Yo soy una simple lectora y visitante. Pero si tengo que decir algo, es que ojalá, cada vez más, la Feria sea una oportunidad también para autores por fuera del circuito comercial, tanto extranjeros como nacionales. Y que se acreciente y considere el lugar para las editoriales chicas e independientes, que en los últimos años, en un gran acto solidario, se han unido para poder ganar espacio. Lo hago desde mi trabajo, apoyo los proyectos nuevos y emergentes, - los hay comprometidos, valientes, virtuosos - porque son los que tienen que abrirse paso a pura tracción a sangre.  

Hugo Salas

 ¿Cuáles son las principales ventajas de que se realice un evento como este?En una época en que la cultura parece asolada por su "eventualización" (vale decir, la idea de que es necesario organizar acciones cada vez más multitudinarias, generales y de alto impacto poblacional), es claro que la feria aporta una mayor visibilidad al libro como mercancía y a los distintos factores que contribuyen a su circulación. Puede servir además como punto de encuentro e intercambio, y en menor medida también como multiplicador cultural.

 Entre losítems que se podrían mejorar, una curaduría más activa podría contribuir a que la feria aumente la visibilidad del libro no sólo como mercancía sino también como bien cultural. En su formato actual, la disposición del espacio queda librada al arbitrio del mercado, con un criterio que no siempre va de la mano de una mayor difusión cultural. A la feria debería interesarle garantizarse la presencia y participación de las editoriales pequeñas e independientes, por ejemplo, y no dejar que esto quede librado a la posibilidad de estas organizaciones de pagar su espacio. Sería importante revisar también el layout específicamente espacial de la feria. Por otra parte, en varias ediciones se ha advertido que la falta de una política activa en cuanto a la gestión del entorno hace que muchas mesas y actividades se vean condenadas a funcionar en situaciones de ruido que las tornan incómodas, cuando no imposibles. En síntesis, diría que se puede organizar un mercado del libro a destajo o un cuidado evento cultural, pero no ambas cosas al mismo tiempo. Es importante que la Feria decida cuál de estos perfiles le interesa y que actúe en consecuencia.

EXTRAS

Pagina oficial: el-libro.org.ar

Fechas y horarios

23 de abril al 11 de mayo de 2015

La Feria estará abierta para todo público hasta el lunes 11 de mayo, feriados inclusive, y en los siguientes horarios:

  • Lunes a viernes de 14:00 a 22.00
  • Sábados, domingos y feriados de 13:00 a 22:00


  • Autor: Verónica Abdala