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Entre tetas

Poemas y cuentos de diez autores argentinos

En estos días se publica la antología Tetas, de editorial Textos Intrusos, que contiene poemas y cuentos de diez autores argentinos, inspirados esas dos primeras fuentes de alimento, belleza y erotismo. En esta primera entrega, adelantamos el prólogo del libro –de la compiladora, Virginia Janza- y un poema de la serie, de Carolina Lesta.


Prólogo, por Virginia Janza

Las tetas, además de su función primaria de alimentación, no cumplen una función erótica o sexual determinante. Sin embargo, culturalmente se asocian al erotismo de los cuerpos. 

En principio a través de dos operaciones de manipulación. Una, en lo que Marx llama el fetichismo de la mercancía. Al subjetivar los objetos, con un truco ya viejo para la publicidad y el marketing, se los dota de cualidades psicológicas misteriosas y atractivas. De esta forma, se oculta la explotación de las clases obreras que subyace en las mercancías. 

¿De qué modo se relaciona esto con los cuerpos? Un buen ejemplo sería el fichú, que es una suerte de pañuelo de encaje que va en el cuello sobre el pecho. Al comienzo lo usaban las mucamas cuando heredaban un vestido y querían disimular que estaba gastado o no era de su talle. Pero después las damas del siglo XVIII a medida que se ajustaban el corsé y sus tetas comprimidas afloraban, lo usaron para disimular sus escotes y se volvió un accesorio muy exclusivo. 

Y acá es donde interviene la segunda forma de manipulación erótica. En su Historia de la sexualidad, Michel Foucault establece el concepto de biopolítica o biopoder. Foucault rastrea el control de los cuerpos en las sociedades disciplinarias en distintas instituciones como la cárcel, los hospitales, las escuelas. Ya en la actualidad, y acercándonos un poco más a nuestro doble objeto de estudio, Paula Croci y Alejandra Vitale ubican en Los cuerpos dóciles, dentro de esa sucesión a la moda: “que captura al cuerpo en un entramado en el que ese cuerpo se inserta en el aparato de producción mediante consumos y prácticas de todo tipo”. 

Para los griegos y los romanos, las tetas debían ser pequeñas y no exceder el contorno de la mano masculina. Los pechos grandes se asociaban, además, para ellos y para la sociedad renacentista posteriormente, con las mujeres campesinas que parían un hijo atrás de otro. Las ropas en general los disimulaban, como la fascia pectoralis de las romanas, que era una tira con la que se ajustaban los pechos (no confundir con la afasia pectoral).

Las tetas y todos los accesorios asociados a ellas, son desde hace unos siglos, símbolo de liberación o dependencia femenina. El corsé que tradicionalmente se usaba para comprimir la cintura, aplastaba los pechos exuberantes al punto que médicos de la época discutían cómo tratar el problema de los pezones invertidos. En el siglo XVIII el corsé fue parte de una moda que cuestionó el cuerpo tal como la naturaleza lo daba. A pesar de cómo lo vemos ahora, marcó esa distancia de la clase ociosa y permitió a la mujer alejarse de los cánones de belleza naturales. Eso sí, una mujer encorsetada no puede trabajar ni prácticamente realizar ninguna tarea, por lo que es dependiente del hombre por completo. 

En 1968, en una protesta realizada en Nueva York por un grupo de feministas, surgió la famosa quema de corpiños, el hijo menor del corsé. Aunque en realidad lo que hicieron las activistas fue meter en un tacho todo lo que era considerado una tortura femenina, el maquillaje, los tacos altos, los corpiños, y también algunas Play boy y Cosmopolitan para ayudarlos a arder. Si bien nunca encendieron el tacho, el acto simbólico pasó a la historia.

Es curioso que también durante los sesenta, a su vez, comenzaron a realizarse operaciones más confiables de aumento de busto, y empezaron a aplicarse implantes mamarios de silicona (la lista de inyecciones e implantes fallidos anteriores es espeluznante). El estereotipo de tetas siliconadas se fue perfeccionando y proliferaron las artificiales sobre todo durante las últimas décadas del siglo xx. 

Las operaciones estéticas siguieron aumentando hasta llegar al grotesco bajo las múltiples mutaciones a las que se sometió Orlan. Bajo el concepto de Performance, realizó intervenciones artísticas, filmando y registrando todo. En muchos casos, despierta, producida, sonriendo, dirigiendo todo como si fuera una película, y su cuerpo su obra. En los 90, Orlan se puso siliconas, pero en la frente.

Actualmente, la tendencia de aumentar el pecho suele ser a la inversa; de a poco vuelve la moda de sacarse pecho. En algunos casos, llegan hasta quitarse los implantes y reconstruir la mama para volver a una apariencia “natural”. Esto en algunos países, porque en Japón, hay mujeres que como las romanas, volvieron a atar sus pechos para que parezcan más grandes. (¡Cuidado, chicas, a ver si les achican como los pies de las geishas!)

Para compilar esta antología, la propuesta fue pensar a las tetas como símbolo de lo femenino, de distintas femineidades y manifestaciones de la mujer en sociedad. Mujeres cojonudas, madres amorosas, madres doloridas, madres modernas, madres sexys, mamitas, tetas que dan vida y tetas que la quitan. Mujeres que están bien donde están y mujeres que como esas tetas atrevidas, se escapan y se muestran como lo que son: hermosas, distintas, desafiantes.

La selección de autores fue caprichosa, algo estaba claro: no queríamos hacer la típica antología feminista. Por eso entre estas páginas hay estilos disímiles, que sin embargo funcionan en el conjunto, como una foto de Spencer Tunick.

Este es nuestro homenaje a esas dos primeras fuentes de alimento y de vida, de amor, de belleza, de erotismo y sensualidad, de moda, estatus, de resistencia ante lo que dicta la moda. Porque los cuerpos, así como son usados para ejercer el poder, como decía Foucault, también son espacios de libertad absoluta de resistencia o, por qué no, de utilización de ese poder que ostentan. 

Etiqueta: Entre tetas, cuentos