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La literatura policial

Un género que se afianza.

 Hay tres festivales –el BAN, el Festival Azabache y Córdoba mata-, circuitos y colecciones específicas. El género se afianza entre las preferencias de los lectores argentinos.

 

 No es casual que en uno de los países con mejor tradición de novela negra el relato fundante de la literatura nacional sea un episodio policial -la violación y muerte que narra Esteban Echeverría en "El matadero"-, pero es llamativa la fuerza con la que el género ha logrado resignificar sus alcances para posicionarse como una herramienta que da cuenta de nuevas modalidades criminales a la vez que evoluciona hacia otros registros y cruces, desde el comic y la ciencia ficción hasta el gótico.


  "El boom que vivimos hoy es el resultado de la formación de lectores que iniciaron autores, como Sasturain, Feinmann, Saccomano, Giardinelli, Rolo Diez y otros -explicó la escritora Mercedes Giuffré a Télam-. La realidad que vivimos pide a gritos ser narrada, verbalizada, digerida de algún modo desde la ficción. Me refiero a la crisis mundial, al nuevo siglo en el que vuelven los viejos demonios con nuevos ropajes (la trata, la esclavitud, la guerra)".

  La autora de El carro de la muerte y Deuda de sangre sostiene que "el policial de antes en el que sólo importaba la resolución astuta de un misterio ya no conmueve a todos. Lo que el lector promedio busca es un reflejo catártico del caos". 

  "El crimen es una preocupación no sólo de la policía y de la ley sino de toda la sociedad. Los criminales van siempre delante de la ley pues están obligados a inventar delitos nuevos, que no lo son hasta que se los legisla. La ley y la justicia siempre van detrás de los hechos. Por eso la gente tiene la necesidad de informarse sobre las nuevas modalidades delictivas que pueden afectarlos en cualquier momento", explicó Ernesto Mallo, creador del Festival BAN! (Buenos Aires Negra), que surgió allá por 2011. 

  El escritor se encuentra en pleno montaje de la quinta edición del BAN!, que arrancará el 31 de julio y durante nueve días reunirá en el Centro Cultural General San Martín a figuras como el irlandés John Connolly, el norteamericano Willy Gordon, la española Dolores Redondo -una autora que protagoniza un boom con su llamada Trilogía del Baztán- y los argentinos Luisa Valenzuela, Pablo De Santis, Alejandro Soifer, Ariel Magnus y Federico Andahazi, entre otros.

  Una de las particularidades del festival es su apuesta a una agenda interdisciplinaria, capaz de fundir en un mismo espacio a autores emblemáticos del género como Claudia Piñeiro o de Santis con Hugo "La garza" Sosa -que se hizo conocido por integrar una banda dedicada a robar transportes de caudales- el economista Matías Tombolini y la cantante española Marina Mariscal.

  "La novela policial, y especialmente la negra, tienen la obligación de ser verosímiles. Esta condición determina que las temáticas deban regirse por 'lo real'. Por ello ningún otro género es tan permeable a las situaciones sociales, económicas y políticas con las que tiene un diálogo permanente", indica Mallo.

  Semanas después del BAN!, en fecha no cerrada todavía, tendrá lugar una nueva versión de otro gran hito del género, el Festival Azabache, a cargo de Javier Chiabrando, para quien el género negro "ofrece una lectura de la realidad que de otra forma sólo se conocería en sus síntomas, es decir, veríamos el muerto por televisión y luego la historia desaparecería para ser reemplazada por otra. La novela negra, en cambio, nos da hipótesis sobre lo que pudo haber sucedido alrededor de esa noticia".

Los festivales se han convertido en los grandes proveedores de los nombres que han renovado el panorama editorial: además del BAN! y de Azabache, este año debutará Córdoba Mata, que del 7 al 14 de septiembre ofrecerá en esa provincia serrana con participación del mexicano Elmer Mendoza, el chileno Bartolomé Leal y el uruguayo Milton Fornaro. 

  "A diferencia de otros países de la región, tenemos una riquísima tradición de novela negra y policial desde fines del siglo XIX, más allá de los avatares sociales y políticos vividos en todo este tiempo -asegura Fernando López, artífice de Córdoba Mata-. Estamos ante una ola mundial de expansión de un género que proporciona claves originales de interpretación de la realidad".

  Más allá de la temática afín, el Azabache, el BAN! y Córdoba Mata tienen en común la decisión de lanzar, en paralelo a la oferta de charlas y debates, un concurso de novela policial como vía para detectar a los nuevos talentos del género, aquellos en quienes recaerá la tarea de prolongar la voracidad lectora: aquí se alinean El último milagro, de Horacio Convertini, y Hotaru, de Martín Sancia Kawamichi -premio BAN!-Del Nuevo Extremo 2013 y 2014- y No llores, hombre duro, de Mariano Quirós (premio Azabache 2013).

  "El Azabache fue el primero de Argentina -analiza Chiabrando-. Siempre tiene un pie puesto en el género negro, aunque ha elegido abrirse a otros géneros por una cuestión estratégica y para no estar sujeto a la misma agenda de autores y temáticas que otros festivales del estilo. Este año tenemos pensado darle un espacio especial a la literatura política, ya que es año de elecciones".

  La visibilidad alcanzada por este tipo de iniciativas que permiten la interacción entre autores y escritores tiene correlato en la consolidación de dos sellos específicos dedicados al policial, como Extremo Negro, que en poco más de cuatro años ha publicado 24 títulos que llevan las firmas de Mallo, Diego Grillo Trubba, Alvaro Abós, Sergio Sinay, Eduardo Goldman, Daniel Sorín, Osvaldo Aguirre, Horacio Convertini y Matías Bragagnolo, entre otros.

  Extremo Negro organiza junto al Festival BAN! el concurso de novela negra que este año recibió 485 novelas, de las cuales ya se eligieron 9 finalistas. Sumadas a los originales recibidos en las tres ediciones anteriores, la suma llega a los 1500 textos.

  El otro sello emblemático dedicado al género es Negro Absoluto, una colección dirigida por el escritor Juan Sasturain que lleva 17 títulos publicados a través de Aquilina Ediciones: acaban de lanzar Cobayos Criollos, de Flaminia Ocampo, mientras que este mes sale Sangre fashion y próximamente será el turno de Asfixia, de Elisa Bellmann; y Los hijos de Saturno, de Chiabrando.

  A la zaga de paradigmas contemporáneos como el comisario Kurt Wallander del sueco Henning Mankell -que se entronca con el boom del policial escandinavo encarnado en autores como Stieg Larsson o Hane Holt- el policial de factura local funda su éxito en su apertura temática -hacia líneas como el narcotráfico, lo conspirativo, la violencia cotidiana y la corrupción- y en la fantasía de restauración del orden que subyace en tramas donde la pesquisa siempre desemboca en la identificación de un culpable, a contramano de crímenes que en la realidad, a veces, quedan impunes.

  ¿Es el policial una de las formas más apropiadas para retratar la sintomatología de esta época? "Los lectores que atraviesan contextos socioeconómicos críticos parecen buscar historias que reflejen esos conflictos. Desde hace unos años el género está entrando con mucha fuerza de la mano de cuestiones como las que trabaja por ejemplo el griego Petros Markaris: la corrupción política, la especulación financiera...", indica María Inés Krimer.

  "Sin embargo, tenemos ciertos rasgos particulares: el primero, la desconfianza en el sistema jurídico policial, algo impensado en los países nórdicos e incluso en la novela negra norteamericana. Otra característica es que el policial argentino, desde su inicio, asumió un tono paródico como forma de confrontar con la tradición que importábamos del Primer Mundo: se movió en los bordes del género, no dentro, siempre se corrió buscando otro lugar. Hay mucho mestizaje, mezclas interesantes, personajes raros", concluye.


Fuente de esta nota: Télam


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