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Pola Oloixarac

Entrevista.

Eligió bautizarse a sí misma, su nombre real no aparece en sus libros y firma con este seudónimo. Ese gesto de singularidad tiene su correlato en la escritura: su prosa conserva ese rasgo de lo único, el de no ubicarse en filiaciones ajenas. Es escritora, traductora y fue estudiante de filosofía en la UBA. Ricardo Piglia la definió como el “gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina”.

  

   Ha recibido premios y becas, pasó por residencias prestigiosas para escritores y dictó cursos en Estados Unidos. En 2010, fue elegida una de las veintidós mejores narradoras jóvenes en español por la revista inglesa Granta y recibió la beca de Letras del Fondo Nacional de las Artes, así como becas internacionales: la del International Writers Program en Iowa, Banff, Amsterdam Writer in Residence y Yaddo entre otras. Dio charlas en la Universidad de California y en Harvard. 

  

  En sus novelas analiza fenómenos sociales y conductas humanas, metamorfoseándolos con  comportamientos animales y leyes de la biología.


  “Pronto se volvería evidente que el destino y la opción intelectual habían hecho de Rodolfo un elemento forzosamente fiel, monógamo y heterosexual. Era natural que apenas la Providencia le acercara una mujer (una perteneciente al conjunto “Chicas”), Rodolfo se aferraría a ella como ciertos moluscos nadadores viajan por el océano hasta que clavan su apéndice muscular en el sedimento como un hacha, cuya concha o manto tiene la facultad de segregar capas de calcio alrededor de la película mucosa que lo lubrica; al cabo de un tiempo ésta se rompe y el molusco regresa a la deriva, que varía entre el océano y la muerte”, escribe en su opera prima Las teorías salvajes (Entropía, 2008), editada y traducida en ambos hemisferios a seis idiomas. La novela que suscitó más de una controversia, de la que la autora no reniega. Allí se cuenta una historia ambientada en Filosofía y Letras en la UBA. 


  Escribió Mariano Dorr para el suplemento Radar de Página 12: “Una voz femenina en primera persona especula con fascinar a un viejo y afamado profesor de Puan (Filosofía y Letras) proponiéndole un proyecto imposible: llevar sus propios desarrollos teóricos- la “Teoría de las transmisiones Yoicas”- a su máxima radicalidad. El loco afán de seducir al profesor Augusto García Roxler, lleva a la narradora a escribir sus más bellas páginas en algún lugar entre la carta de amor, la meditación cartesiana y la filosofía política hobbesiana”


   En su novela más reciente Las constelaciones oscuras (Random House, 2015), vuelven a aparecer las analogías entre los procesos biológicos y las respuestas humanas, el lector podría creer que se deja de lado que el ser humano es un ser de lenguaje. Sin embargo, el mismo lenguaje es un protagonista más en sus libros, el lenguaje encerrado en distintos discursos que atraviesan su obra y a la autora misma: la filosofía, la biología, la criptografía, la tecnología, la política, el arte, la biotecnología se entrelazan y estallan en una prosa que toma formas agudas de lo singular. 


  Estos discursos podrían generar distinto tipos de lectores de acuerdo al conocimiento y  a la posibilidad de comprenderlos de cada lector. La autora no lo cree así: “No es necesario tener un entrenamiento especial para seguir la historia, en absoluto. Me gusta que la novela trate de mundos que no son “literarios” específicamente”, explica a Mercurio Contenidos.  “Hay una literatura argentina puramente retórica que me parece muy aburrida. Me gusta que la novela invite a lectores que quieren bucear en historias sobre el mundo contemporáneo, que sigan las andanzas de héroes que trabajan con conocimientos súper específicos como los hackers y los virus maker, pero que no tengan que ser expertos ellos mismos. ¡Si no, escribir sería una actividad muy claustrofóbica! Y para mí es todo lo contrario. Ian McEwan, por ejemplo, tiene varias novelas “científicas”, como “Solar”, y lo que hace es muy entretenido porque además de la historia te llevás un montón de ideas sobre el estado de la cuestión de los que trabajan con calentamiento global, por ejemplo.” 


  En su novela más reciente se lee esta definición del arte “como las definiciones clásicas del arte, la utilidad mancillaba las acciones.” 


-¿Qué utilidad creés que tiene la literatura?  

-No sé, creo que la literatura es inútil siempre. A la vez, estoy persuadida de que leer hace a nuestros cerebros mucho menos inútiles. Lo que está entre el cerebro que lee y el libro es inmenso, crucial, no se puede definir pero define buena parte de nuestra existencia como humanos en la tierra. Las operaciones mentales que hacés cuando leés son fascinantes, es una caja negra que después entra en el torrente sanguíneo de tu mente e invade todo. No importa si leés 50 sombras de Grey o Harry Potter o Nabokov. Aunque si tenés un cerebro refinado, lo más probable es que prefieras Nabokov(aunque devores lo demás).


  También ha dicho que el arte tiene potencia subversiva, casi como una contra-definición del arte mancillado por su utilidad. 


-¿Qué rasgos convierten al arte en subversión?

-Creo que la pregunta por la subversión implica dar respuesta a una pregunta: ¿quién es el enemigo? ¿dónde está su cueva? Si para vos el enemigo es el colonialismo esclavista, tu universo de acción literaria es el siglo XVIII-XIX; si para vos el enemigo es el imperialismo financiero yanqui, tu universo es de hace 40 años, como le ocurre a la política argentina mainstream. Como escritores nos cabe la tarea de observar el terreno sin ideologemas prestadas, y dar cuenta de la composición real (el futuro posible) del campo de batalla. En Las constelaciones oscuras se tematiza un estado transnacional sudamericano que colabora en un proyecto de análisis y control de trayectorias ADN donde el derecho a resistencia ha prácticamente desaparecido; mi héroe y sus amigos operan sobre esto, son una especie de “subversivos” que entran en la clandestinidad.


Respecto a los autores que ha leído y han sido su maestros Oloixarac cuenta:

- Tuve muchos affairs tórridos, los más fuertes han sido Nabokov y Borges. Pizarnik me volvía loca cuando era chica. Rousseau me fascina también, y durante un tiempo reciente estuve enamorada de JD Watson, que escribió un libro muy divertido y controversial sobre su descubrimiento del ADN junto a Crick. Yo los admiro pero no puedo saber si me han influido. Entre los filósofos argentinos tengo que mencionar, sin dudas, a Jorge Dotti. Hoy leo prácticamente sólo contemporáneos. Me encanta una nigeriana que se llama Nnedi Okorafor, y entre los argentinos jóvenes sigo con fruición a Fernando Montes Vera.


   Actualmente está escribiendo una introducción al libreto de Hércules en el Mato Grosso, que saldrá por Entropía el próximo año. Además se encuentra trabajando en  una novela que, asegura, ya  tiene bastante avanzada. 


Autora: Victoria Mora

  • Autor: Victoria Mora